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Agrietado...

  • 29 sept 2025
  • 1 Min. de lectura

Elías siempre supo que habitaba un cuerpo que no era el suyo. No por ansiedad, irritabilidad o disforia, tampoco por traumas. Era mas bien una intuición: la construcción de su “yo” era frágil que se sostenía por recuerdos que no eligió, momentos que no quiso vivir y deseos que no entendía. Con su desarrollo, el peso se volvía insoportable. Cada decisión era dictada por alguien que no conocía, una voz que no le correspondía: estudia esto, ama aquello, sé alguien. ¿Ser alguien?



Abrumado comenzó a buscar respuesta. Halló a alguien que le gritaba que estaba condenado a ser libre; a un pensador que le susurraba que debía inventarse a sí mismo y con otro que le dijo que debía desaparecer para encontrar lo esencial. Dejó a un lado las respuestas, comenzó a desmontar las preguntas. ¿Será que soy alguien desde que nací? ¿Será que no debo descubrirme, sino construirme? ¿Y si mi persona no es esencia, sino una elección constante?

 

Frente a un paisaje que lo ayudaba a reflexionar, supo que no había un “yo” esperando a ser encontrado. Solo tenía conciencia, voluntad y la posibilidad de ser. Y eso le bastaba…

 

“La crisis de identidad no es una pérdida, es una invitación a despertar. Solo quien duda de quién es, tiene el poder de decidirlo”

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