¡Y me dio nombre!
- 14 oct 2025
- 1 Min. de lectura
A veces, ya no cabemos dentro de nuestra piel o dentro de esos momentos pasados. La culpa, los errores, los recuerdos, los placeres y entre otras cosas se vuelven demasiado pesados para seguir caminando. Es allí, tras un silencioso pero poderoso instante, cuando el alma decide sumergirse y dejarse renovar.

No siempre ocurre en un río ni frente a una multitud. El bautismo a veces sucede internamente: cuando soltamos, cuando aceptamos, cuando reconocemos que merecemos comenzar de nuevo.
En ese renacer, algo sagrado nos llama por un nombre distinto. Un nombre que no surge del dolor, sino de la gracia. No surge del miedo, sino de la esperanza.
Porque cuando la vida, Dios o el amor verdadero te da un nuevo nombre… ya no puedes volver a ser el mismo.
Has sido renovado. Has sido elegido otra vez.


Comentarios